El Cartel Polaco – Wíktor Górka

Wíktor Górka es considerado una de las principales figuras de la escuela del cartel polaco, escuela que dejó una profunda huella en la historia de las artes visuales del mundo entero, sobre todo en la segunda mitad del siglo veinte.

EN UNA EPOCA EN QUE LOS MEDIOS ELECTRÓNICOS han invadi­do casi todos los campos de la comunicación visual, volver la mirada hacia el mundo del cartel resulta gratificante. Sobre todo si miramos los carteles polacos de lo que pudiéramos llamar su “edad de oro” o sea, la época que transcurre de las postrimerías de la Segun­da Guerra a principios de los ochenta.

En tan largo pe­riodo, la cartelística polaca dejó una profunda huella en la historia de las artes visuales del mundo entero. Su influencia se vive todavía en nuestro país debido al paso que tuvo por estas tierras uno de los más gran­des diseñadores de carteles polacos, quien dedicó años enteros a enseñar su arte a jóvenes estudiantes de di­seño en diferentes universidades mexicanas. Nos re­ferimos, obviamente, a Wiktor Górka (léase Gurka), quien, entre las muchas visitas que hizo a México, llegó a impartir su enseñanzas cinco años seguidos en la UAM de Azcapotzalco.

El contexto en el que se desarrollan y desenvuelven tanto el maestro Górka como el cartel en Polonia no puede ser pasado por alto si queremos entender a fondo el gran valor que tuvieron ambos para la UAM (pedagógico el primero y didáctico el segundo).

Sabido es que el cartel hace su aparición en Francia en la segunda mitad del siglo XIX, cobijado por las corrientes del Art Nouveau. Tuvo a Cheret y a Tolouse como padres antes de pasar a España, en donde artistas del tamaño de Casas lo dieron a conocer, y luego a Inglaterra con Beardsley y Hardy, ya Estados Unidos con los artistas del Chap Book y del Harper’s Magazine. En Italia nace con Capiello, Bistolfi, Mataloni y otros no menos relevantes. La historia del cartel que conocemos: francés, español, italiano o inglés, nos dice que en sus orígenes su propósito era mercantil. Se publicitaban, en un principio, eventos, cspectéculos (o los sitios en que éstos se realizaban) y productos, y la afición por coleccionar estas pequeñas y efímeras obras de arte dio nacimiento a revistas como The Poster en Inglaterra, donde en 1890 ya The Studio destinó un artículo al arte del cartel. En Italia la casa Ricordi dedicaba gran parte de su producción a este tipo de artículos, y en Estados Unidos el cartel hace su aparición hasta 1896, siguiendo los pasos del inglés Beardsley.

La historia del cartel en Polonia no es exactamente así. Las diferencias que se marcan desde su origen con el cartel francés señalan ya destinos diferentes. El cartel polaco aparece originado en dos vertientes simultárieaa, artísticas ambas: la pintura y la fotografía. El realismo que imprime la cámara a las imágenes es vertido en el cartel, y al ser cruzado por los diferentes lenguajes de la pintura, imprime a esta nueva expresión del arte una fuerza que no se produce en otros campos. Mientras en el resto de Europa Cézanne desafía los espacios generados por la fotografía, y Picasso pinta «Las Señoritas de Aviñón», que marcan el final de una época y el principio de otra en lo que son las posibilidades expresivas del arte visual, Polonia une esas dos formas de expresión y da nacimiento al cartel. En esos tiempos efervescentes, de divorcio entre fotografia y pintura en nuestros paises de la Europa cercana, se produce dentro del diseño polaco una simbiosis que enriquece de manera notable la cartelística de aquel país, alejándola casi totalmente de cualquier propósito mercantil.

Lo icónico de los carteles de Maszkowski en 1912, o de Kamiñski en 1926, abren el camino a los carteles abstractos y geometrizados de Gronowski de 1932 El realismo que imprime la cámara fotográfica a las imágenes es vertido, adecuadamente tratado, en el cartel; y al ser cruzado por las diferentes corrientes artisticas que aparecen por los caminos de la pintura, se las apropia, imprimiendo al cartel polaco una magia y una fuerza que llega hasta nuestros días transmitida de generación en generación. En sus orígenes dicho cartel se usa como elemento didáctico y como elemento estético en forma simultánea. Pronto se convierte en una fuente de difusión sin paralelo en su país, con mucha mayor difusión, obviamente, que cualesquiera de las otras artes plásticas, a las que otorga espacio y cobijo a través de aquellos pedazos de papel que aparecían en las paredes de las ciudades polacas. A fines del siglo XIX y principios del xx, la sede artística de Polonia era el centro del país -Cracovia concretarnente-, y es alli donde durante la primera década del siglo pasado aparece un movimiento que se conoció como «La Joven Polonia».

Este movimiento abarca todas las artes, y se caracteriza desde sus orígenes, en las postrimerias del siglo XIX y los principios del xx, por su lucha para lograr contacto entre ambos. La acuciosa búsqueda del na¬cionalismo en una Polonia ya independiente, en una recién fundada Escuela de Artes Gráficas, se traduce en la más esforzada defensa de la cultura polaca.

Aquel «culto a la madera» no era nuevo en aquel país, que lo verá acentuado con esta aparición del grabado, que a su vez se ve enriquecido con las nuevas corrientes del momento tales como el cubismo y todos los movimien¬tos que le siguieron. La talla en madera era antiquísima y, como es de suponer, habia generado bellos ejemplos que pertenecian más al cam po de los trabajos en made¬ra propiamente dichos que a los trabajos «impresos». A raíz de esta corriente de grabado se conforma un grupo dirigido por Edmund Bar’tlorniejczyk”, que inicia el camino de las artes gráficas propiamente dichas, independizándolas de la pintura y del grabado. Se abre el camino para una gráfica “utilitaria», lo que marca un camino diferente a la gráfica «mercantilista» del centro de Europa y de Estados Unidos. En 1926 surge en Varsovia el Museo del Libro Infantil, que recogia libros de todas la épocas. Esta iniciativa del Libro Infantil no hubiera sido posible sin la iniciativa de una casa editorial: Nasza Ksiegamía, que continúa su labor, y para fines de la década de los treinta se coloca una primera colección de carteles en el Museo Nacional”. Aun así, todavia la organización del trabajo gráfico tenía carencias en los aspectos laborales. El trabajo en los talleres dependía de una cabeza: un puesto de « jefe gráfico», al que los adultos que aspiraban a él tenían que esperar varios años.

Los veinte años de entreguerras en Polonia consolidan la gráfica tanto en lo organizativo como en los fundamentos de lo que será la gran etapa del polaco. Es el periodo del cambio de expresiones históricas, que, sin dejar de estar apoyadas en lo tradicional, suben a experimentar con la búsqueda que planteaban las nuevas corrientes artísticas. Estos movimientos son coincidentes con el otoño de 1939 (el 10 de septiembre de 1939 Polonia sufre la invasión alemana). Desde ese momento hasta 1945 que dura la ocupación nazi, Polonia pierde, sacrificados por el invasor, más de cuatrocientos artistas plásticos. Sin embargo, quien piense que estos cinco anos fueron un vacío en la vida de Polonia, se equivoca. Tomando otro ritmo, en los restos de los talleres vivía escondido lo esencial del espíritu del arte polaco, produciendo escritos y carteles, manifiestos y poesía, que participaban en la lucha clandestina dándose a conocer a través de hojas volantes contra el invasor. Dentro del mismo ghetto de Varsovia se supo de la existencia de una escuela de arte.

En esa epoca de entreguerras, precisamente, nace Wíktor Górka, en Bielsko Biala en 1922. Su infancia queda matizada por las luchas artísticas que libraba su país en aquellos años, y cuando cumple veintidós anos, en 1946 al termino de la guerra, tanto el arte como el país estaban en proceso de recuperación. Es precisamente en 1946 cuando se inscribe en la Facultad de Artes Gráficas de la Academia de Bellas Artes de Cracovia, llevando vivas todavía las imágenes de su patria sacrificada.

El triunfo, en 1945, mostró las grandes pérdidas, tanto en lo humano, en 10 material y en los equipos y escuelas, como el acervo museográfico. Durante la primera mitad de los cuarenta la producción gráfica fue débil. Ver la gráfica polaca actual sin tener en cuenta todos esos antecedentes es limitarse a los aspectos formales de la misma. Su maravilloso contenido tiene sus raices en todos estos conflictos. La gran generación representativa de 10 que conocemos como la época de oro del cartel polaco, a la que pertenecieron Jan Lenica o Waldemar Swierzy, el primero con aquel cartel de «Wozzeck» (1964), hijo directo del “Grito» de Munch, que se hizo famoso en el mundo entero, y el segundo con un cartel turístico de 1969 que tam bien recorrió el mundo promoviendo una Polonia bella y apacible”.

La generación de estos diseñadores, a la que per¬tenecen Wiktor Górka, Lenica, Swierzy y tantos otros que hoy tienen fama universal, fue formada por aquellos maestros de entreguerras. Maestros que dejaron su marca en estos, que fueron los que vivieron la Segunda Guerra y la ocupación Nazi.

Hoy Polonia tiene una nueva generación de diseñadores, más tranquilos y más reflexivos, que parecen propender por un retorno a lo clásico. Los viejos maestros son los que pasaron en los cuarenta por la Facultad de Artes Gráficas de la Escuela de Bellas Artes de Cracovia. Es la generación de Lenica, de Swierzy, y de Górka; son aquellos que unieron el cartel polaco a las corrientes de vanguardia del arte mundial.

Dos de los aquí mencionados han pasado por nuestro país dejando sus conocimientos en jóvenes que hoy son diseñadores excelentes o profesores de diseño. El primero es Swierzy, quien en alguna corta temporada de paso por la ‘UAM Azcapotzalco dio un breve curso, y organizó una exposición de cartel polaco en esa casa de estudios.

Jalapa o la vieja Escuela de Diseño de Bellas Artes en la Ciudadela; la «Ibero», la Anáhuac, y, obviamente la UAM de Azcapotzako, fueron, entre muchos otros, los lugares en los que Górka fue sembrando su arte de hacer carteles. En aquel ir y venir constante, hubo ocasiones en que pasó hasta cinco anos con nosotros. Había participado en innumerables exposiciones en su país y en muchos otros, y ha recibido innumerables premios, entre los que vale mencionar:
Primer Premio de Cartel de Cine Polaco; Premio en la exposición de Cartel Turístico en Livorno; Medalla de Oro en la Exposición de Arte Editorial en Leipzig; y una lista interminable que no tiene sentido enu-merar aquí.

Debido al nivel alcanzado por su amplísima obra, Wíktor Górka es considerado como una de las altas figuras de la escuela de cartel polaco. El color, para él, es algo simbólico, en el que sus combinaciones, de acuerdo con cada caso, causan efectos especiales de acuerdo con la función que el diseñador les asigna. En alguna de sus clases le oímos decir que el color siem¬pre sería cualitativo y jamas cuantitativo. Sus carteles siempre son nuevos, sorpresivos y diferentes, a pesar de su estilo personal de considerable ornamentación.

Sus figuras flotan a veces libremente, con una frialdad estatuaria, en el espacio que les permiten esos pedazos de papel, originando en el espectador una sen¬sación de vacío, y otras veces, como en sus carteles de circo, provoca un sentimiento de alegría a partir de un diseño armonioso lleno de movimiento. Górka sabe que el cartel es sintesis, y obliga a fijar la mirada del espectador en una llamada de atención constante originada en esas imposibles combinaciones de forma y color.

Pareciera que siempre está encontrando nuevos elementos para la interpretación de los mismos temas.

Prueba de ello es que dedica un numero considerable de años a sus trabajos sobre el circo.
No es dificil encontrar en sus conceptos una sutil carga de humorismo, oportuno y discreto. Combina las imágenes en soluciones surrealistas usando indistintamente las más diversas técnicas.
Todo lo anterior es llevado por Górka al campo docente, no solamente en México, sino en su pais y en muchos otros. Su obra es, para decirlo de una vez, la obra de un gran maestro del cartel.

Bibliografía
Barnicoat, John, Los carteles, su historia y lenguaje, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1976.
Dydo, Krzysztof, Plakaty, Bosz art, Olszanica, Polska, 200l. Wróblewska, Danuta, Polska grafica wspólczesna, lnterpress, Warszawa, 1983.

Fuente: Tiempo de Diseño 01
Por: Juan Manuel López y Manuel Rodríguez Viqueira

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